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La vida según Gabriel García Márquez

September 25, 2020
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Entrevista de Ana Cristina Navarro del programa “La vida según…” Septiembre 1995

Transcripción de la entrevista: [Translation into English coming soon]

Gabriel García Márquez: El novelista puede inventar todo siempre que sea capaz de hacerlo creer. Y yo creo que el gran reto de la novela es que te la crean línea por línea. Pero lo que descubre uno es que ya en América Latina la literatura, la ficción, la novela es más fácil de hacer creer que la realidad. (1:07)

Ana Cristina Navarro, periodista : A usted, ¿qué le gustaría mirar por un agujerito sin ser visto?

GGM: ¿Sabes qué? La vida desde la muerte. Ese sí sería… es un gran sueño poder ver la vida desde la muerte.

P: Usted, que escoge la muerte de sus protagonistas, ¿cómo escogería la suya? ¿Cómo le gustaría morirse?

GGM: No, si a mi me pudieran, si a mi me pusieran a escoger la muerte, no la escogería, me niego… rotundamente. (1:38) Yo la única opción que acepto es la de no morirse. Creo que la única cosa realmente importante que hay es la vida, lo importante es estar vivo. Y creo que la muerte es una trampa, es una traición, que se lo sueltan a uno sin ponerle la condición.

P: Entonces usted, como su amigo Rulfo, (1:57) ¿no escogería a alguien en la tumba de al lado para tener con quien conversar, por ejemplo?

GGM: No, no, no, eso no. Para mí es muy serio el hecho de que esto se acabe y prácticamente sin ninguna participación de uno, sino cuando llega. Creo que es injusto. (2:15)

P: ¿Y qué podemos hacer por evitarlo?

GGM: Escribir mucho.

Gallega es su fascinación por lo sobrenatural y vasca la lealtad incondicional por los amigos. De los andaluces tiene el gusto por la exageración y el adorno en la palabra. Y recuerda a Castilla en esa manera sabia de ver la vida. Pero además, tiene mucho de África y de la melancolía de aquellos esclavos y, como a otros caribeños, le gusta filosofar y ser profeta. Es también fruto de las mujeres enigmáticas del desierto guajiro. Y por si fuera poco, nació en un país donde lo absurdo es cotidiano y además acontece con la misma fuerza todos los días y eso significa ser hijo de Macondo. (3:07)

España supo de él por una novela que vino de Buenos Aires llamada Cien años de soledad. En Colombia, su país, ya era entonces el que mejor bordaba la crónica y el reportaje, y tenía cinco libros editados y algún premio (3:25). Dos años después de la publicación de la historia épica de los Buendía, se convirtió en el autor más vendido en lengua castellana en todo el mundo. Un récord que todavía conserva. Su nombre es Gabriel García Márquez y tiene 67 años. (3:41)

Creo que el gran reto de la novela es que te la crean línea por línea

Gabriel García Márquez

GGM: Nosotros en América Latina, pero particularmente en México y en Colombia, fuimos formados, educados, formados por los refugiados españoles, por los republicanos españoles. Entonces, los niños de esa época éramos republicanos españoles. Y yo, con ese fervor militante de los primeros años del bachillerato y de la universidad, siempre me dije que no iría nunca a España mientras no muriera Franco. (04:24) Pero mientras tanto, era ya completamente republicano español. Conocía muy bien la historia de la Guerra Civil, menos bien la historia de España, pero muy bien la literatura española. Entonces, había una especie de corrientes encontradas dentro de mí que conocían muy bien un país por referencia, conocía su gente, pero no había ido nunca a España. (5:00)

P: Tenía la nostalgia sin haberla vivido.

GGM: Tenía la nostalgia anticipada de España. Además yo recuerdo los campos de Azorín, los campos de Machado, todas esas referencias literarias que después encuentra uno que son reales. Esos escritores hicieron una fotografía de la España de su tiempo que es maravillosa. Yo llegaba después como si hubiera estado siempre ahí. Esos ríos con los chopos en sus orillas. Hasta que llegó un momento en el que me di cuenta. Estuve tres años en Europa, en Italia, en Francia y en Inglaterra y no fui a España. Volé por encima de España las dos veces. Hice una escala de ida en Madrid y podía haberme quedado y no me quedé porque me había hecho esa promesa, que nadie me pidió además, sino que era una cosa que me había nacido a mí del espíritu. Y de pronto caí en la cuenta, (6:10) después de haber escrito Cien años de soledad, de que Franco no se iba a morir nunca y yo no iba a conocer nunca España, entonces sencillamente sin más vueltas me fui. Ahora…

P: ¿Por qué escogió Barcelona y no otra ciudad para vivir?

GGM: ¿Por qué me fui a Barcelona? Porque la persona que más influyó sobre mí era el catalán Ramón Villas, que vivió muchos años en Barranquilla y que es el sabio catalán de Cien años de soledad. Entonces yo había oído hablar tanto de Barcelona, de los cafés de Barcelona, de las librerías, de los teatros de Barcelona, que me fui a ver cómo era eso, y yo llegué a Barcelona como si hubiera vivido ahí mucho tiempo y como si la conociera. Y luego encontré que esas afinidades que tenía yo con mis maestros españoles, con los amigos españoles, con el carnicero español, el pescadero español, el herrero español, el zapatero español, entre los cuales nos criamos, seguían existiendo allá. Y todavía ahora me preguntan “¿qué viene a hacer a España?” y digo yo, como siempre, a pelear con mis amigos españoles porque armamos unas broncas tremendas y unas comilonas tremendas y vive uno en permanente erupción volcánica.(7:29)

¿Qué podemos hacer para evitar (la muerte)? Escribir mucho.

Gabriel García Márquez

 

P: De esa época también era su amigo Vargas Llosa. ¿Esa amistad está rota para siempre? No contesta. Bien. ¿Y usted qué piensa de la polémica que tienen ahora en Cataluña sobre la educación bilingüe, sobre el hecho de que los niños se tengan que educar necesariamente en catalán? ¿Usted tiene una idea formada sobre eso?

GGM: Yo lo que no tengo es mucha información. No tengo mucha información, pero yo creo que la gente más sensata en Cataluña se da cuenta que es una naturalidad histórica lo que hay ahí, que es decir, no tiene mucho sentido hacer la lucha contra el castellano. Yo creo que la verdadera guerra contra el castellano la hace la Academia de la lengua (8:36).

La verdadera guerra contra el castellano la hace la Academia de la lengua.

Gabriel García Márquez

P: ¿O sea que sigue sin reconciliarse con la Academia de la lengua española? ¿Ni siquiera la última edición del diccionario le ha parecido mejor?

GGM: No, porque no es una cuestión de diccionarios, no es una cuestión de cantidad de palabras o de incorporación de términos, sino de criterio. El criterio de que ellos son los depositarios de la pobreza del lenguaje entonces ellos tienen preso el idioma. Es como una policía del idioma que lo tiene preso y no lo deja que fluya y que vaya por la calle y se pervierta, que es lo que es estupendo de los idiomas vivos. En ese sentido, María Moliner fue mucho más lejos que ellos porque María Moliner hizo un diccionario de uso y ahí están las palabras que se usan y cómo se usan. No es el que te digan que es un anglicismo, que esto no se debe usar así y etc. etc. Y eso que las academias, las correspondientes de los distintos países de América Latina, han influído mucho sobre la española. (9:50)

P: ¿Le han obligado a cambiar?

GGM: Bueno no, le han hecho tomar conciencia de que el castellano también son los americanismos.

P: ¿Usted se sentiría más cómodo escribiendo en otra lengua de las que conoce?

GGM: No, yo no puedo concebir una lengua más rica, más maravillosa, más radiante que la lengua castellana, pero escrita con absoluta libertad. (10:20)

P: ¿Usted seguirá escribiendo para la nueva tecnología? ¿No le tiene miedo?

GGM: Bueno, yo escribo en computadora.

P: Lo sé.

GGM: Yo escribo en computadora desde… tengo todo El amor en los tiempos del cólera en computadora A mí no se me haría raro que fuera la primera novela en español que se escribió en computadora. Y yo no sé si es por la edad o si es por la computadora misma, pero lo que yo sé es que desde que empecé a trabajar en computadora mi promedio de libros, que era de unos siete años cada libro, está casi en tres años cada libro. Yo creo que la computadora tiene mucho que ver con eso.

P: Ya veo que usted no le tiene mucho miedo a la tecnología. ¿Hay algún avance de la ciencia reciente que le asuste? (11:07)

GGM: La genética como se está manejando. Ya estamos en condiciones de hacerle centauro. No se ha hecho por razones éticas, pero ya se puede hacer de centauro. Y tengo el temor de que se vaya a entrar en una era de disparate. Lo demás no, lo demás todo está al servicio de la humanidad y la genética. El estudio de la genética es importantísimo, pero la locura, los abusos en que se puede incurrir con la genética es terrible.

P: Por cierto, cuando usted fue al Príncipe de Asturias y cuando se bajó del avión, dijo, con mucho entusiasmo, “por fin llego a Oviedo”. ¿Por qué por fin? ¿Qué era lo que esperaba encontrar en Oviedo? (11:56)

GGM: Yo no hice allá una declaración que era muy sincera y que me hubiera salido del alma porque no supe en ese momento si hubiera sido muy bien interpretado. Pero yo lo que sentí y lo que quise decir era que Oviedo me había parecido como un centro asturiano a lo bestia. Eso lo he dicho con todo el amor, no lo quise decir porque no sé si sería buena interpretación. Es que, entre todo esto que te decía yo de la relación con los españoles en América Latina, hay una cosa que nos marcó desde niños: los centros asturianos en las distintas ciudades.

P: En México, en Venezuela…-

GGM: En México, en Venezuela, pero en México, en la ciudad de México, en Cuba, en Veracruz, por todos lados. Y entonces nosotros, yo tenía una idea de Asturias patria querida, de la fabada, de la música, de la gente, inclusive de las diferencias de acento de Asturias en relación con los otros españoles porque los había conocido en el centro asturiano. Los centros asturianos son de una militancia asturiana en todas partes del mundo que cuando llego me di cuenta que allá eran los mismos.

P: España en este momento pasa por momentos confusos, difíciles, complicados. Especialmente para una persona que es amigo suyo, que es Felipe González. ¿Usted cree que Felipe tendrá un sitio en la historia o que todas estas peripecias por las que está pasando su Administración borrarán la huella de lo que puede haber hecho por España? (13:55)

GGM: Todas esas peripecias han podido suceder por la España que hizo Felipe González. Antes era impensable.

P: A ver, explique eso.

GGM: Antes era impensable que se pudieran hacer tantas acusaciones falsas y auténticas, que pudiera hacerse tanta polémica pública, que se pudiera denigrar o enzarzar en la forma en que se hace ahora. Antes era imposible. Ese espacio de libertad, de libertad de expresión, de toda clase de libertades se debe a Felipe González y a la gente de Felipe. Pero yo creo que así es como eso se va a juzgar. Yo creo que es un momento pasajero, que Felipe prevalecerá, que Felipe triunfará frente a todos sus adversarios, pero que no hay que olvidar que esos adversarios han tenido las posibilidades de hacer todo lo que hacen porque en la España de hoy todas esas cosas son posibles y no lo han sido durante muchos años y siglos en España. Yo creo que la libertad que tiene la España de Felipe González no la ha tenido España en muchos años y en muchos siglos. Así lo veo yo. (15:27)

P: ¿Ya se ha reconciliado con España con el tema de los inmigrantes? En el ‘92 hizo duras declaraciones en ese sentido.

GGM: Sí, es que los latinoamericanos no olvidamos nunca lo que nosotros hicimos con los refugiados españoles. No todo lo que vino fueron los maestros universitarios, los grandes editores, los grandes escritores, los grandes científicos. Vino también mucha morralla. Y se trataba de salvarles la vida, de darles una nueva vida, de darles un nuevo mundo que en alguna época les perteneció y nosotros lo hicimos encantados. Y nos mezclamos con ellos como nos mezclamos después de la venida de Colón y de pronto nos encontramos que España empieza a escoger a cuáles sí y a cuáles no.  Entonces eso duele mucho porque, por supuesto, yo no tengo ninguna queja, yo personalmente llego a España como rey. Me tratan los amigos como rey. Y a muchos que yo conozco, los escritores, pero lo que están haciendo, un crítico, con un criterio de selección, que los que ellos consideran buenos sí, como reyes, y a los otros los tratan en los aeropuertos en una forma como no hemos tratado nosotros jamás a un español. Y creo que no lo haríamos nunca. Es extraño además que lo hagan. En ese sentido esa discriminación continúa.

P: ¿Sigue pensando que mientras más cerca esté de Europa España, más lejos estará de Latinoamérica?

GGM: Ah sí. Cuando todo eso empezó, yo me quejé con Felipe González. Y me dijo, “no te preocupes que yo seré el puente. España será el puente entre la América Latina y Europa”. Pero yo creo que las circunstancias los han llevado a tratar de ser más europeos que latinoamericanos y nosotros estamos aquí esperando un día no muy lejano en que regresen como se sentaban los chinos en la puerta de su casa a esperar que pasara el cadáver del enemigo. Los españoles volverán otra vez porque son cada día menos europeos a pesar de toda la tecnología y las estufas automáticas. En el fondo siguen siendo unos españoles iguales a nosotros.

P: ¿Es verdad que usted detesta a Cristóbal Colón como personaje histórico?

GGM: No, lo que pasa es que era pavoso, como dicen los venezolanos. Llevaba la mala suerte. Su mala suerte la llevaba por todas partes. En Santo Domingo no se puede hablar de él.

P: Sin embargo, su diario a usted le fascina.

GGM: Bueno, pero eso es

P: Su diario de viaje.

GGM: Pero eso no nos afecta gravemente.

P: Mire. Le voy a leer una carta astral que publicó el diario ABC en el año ‘82, después de que le dieron el premio Nobel y usted me va diciendo si coincide o no coincide con el personaje. Por cierto, ¿usted consulta a los astros de vez en cuando?

GGM: No, en absoluto. Pero no los consulto porque creo en eso y no lo quiero saber. No es porque no crea.

P: Ah, ¿en las adivinas?

GGM: No, no, es que precisamente porque creo que hay adivinas…

P: ¿Por miedo?

GGM: Porque creo que hay adivinas, no quiero que me adivinen nada.

P: Ya. Dice es un piscis tres veces acuario y gracias a la influencia de Plutón posee el don de la persuasión. ¿De acuerdo o no?

GGM: Bueno, no sé por qué planetas, pero creo que cuando lo he necesitado lo he tenido, sí.

P: Yo creo que sí. Con un inconsciente influido por Virgo que lo hace analítico, intolerante, perfeccionista y pedante.

GGM: Ah sí, eso todo, es perfecto. Por fortuna.

P: Dice, además, que es un sicólogo nato. Increíblemente intuitivo, que hace pensar que tiene información privilegiada y secreta, y al que irritan las pequeñeces. ¿Usted dictó este horóscopo?

GGM: No, no, no.

P: Parece que sí.

GGM: Ahí lo falso es que me irriten las pequeñeces. Digo, las pequeñeces me irritan si son irritantes, pero hay algunas que no lo son, ni tienen por qué serlo.

P: ¿Usted admite que es vanidoso? (20:14)

GGM: ¿Qué se entiende por vanidoso? A ver, cuando un raquítico se para frente al espejo a hacer así, ese es un vanidoso, pero cuando se para Tarzán, eso no es vanidoso, eso es orgulloso. En ese sentido no soy vanidoso.

P: ¿Es caprichoso, sí?

GGM: Caprichoso yo creo…

P: ¿Le gustan los caprichos?

GGM: Estamos metidos en un problema de definiciones. (20:44)

P: No, no. Es caprichoso un señor que se compra el mismo modelo de botas siempre porque esas son las que le gustan.

GGM: Un caprichoso como su nombre lo indica es una persona que es como una cabra, que empieza a dar de frentazos contra un muro hasta que pasa por ahí. Yo creo que yo me doy con un muro una vez y paso por la puerta. En ese sentido no soy caprichoso. Yo sé exactamente lo que quieren decir, pero no es caprichoso, es otra cosa. Es como, como, ¿cómo qué?

P: ¿Admite que no le gusta que le lleven la contraria?

GGM: A nadie le gusta que le lleven la contraria, pero gracias a los amigos que yo reconozco como amigos y como buenos críticos literarios, que me llevan la contraria leyendo mis originales, gracias a eso yo he podido salvar muchos de mis libros.

P: ¿Todavía comparte literariamente la corrección de sus libros con los amigos?

GGM: Ah, sí, claro. Sí, pero, ¿a quién le gusta que le lleven la contraria?

P: No, a nadie. Pero hay a quien le molesta más que a otros.

GGM: No, a mí no me molesta más que a otros. He aprendido mucho de los que me llevan la contraria.

P: ¿Consiguen perturbarlo las críticas de los críticos literarios, los comentarios?

GGM: Bueno, ya no porque no los leo. Pero aprendí una cosa importante: cualquier crítica desfavorable, cualquier reproche, inclusive cualquier insulto, duele mucho, pero uno aprende que al día siguiente duele menos, al tercer día menos y al cuarto día ya no se acuerda. (22:22)

P: Por ejemplo Bloom, que es un pope de la crítica literaria, acaba de publicar los mejores escritores del siglo y usted no está en la lista. ¿A usted eso le molesta?

GGM: Hasta el punto que no sabía que no estaba.

P: ¿Qué es lo que consigue alborotarle la úlcera, por ejemplo? ¿Qué lo saca de sus casillas?

GGM: Tener que hacer algo que no me gusta. Las contrariedades. Tener que hacer algo que no me gusta. Tener que hacer entrevistas, por ejemplo, es lo que más me alborota la úlcera. (23:02)

[Pausa de un minuto]

La verdad es que no jugó mucho a bolita de trapo como los futbolistas pobres del Caribe y apenas sí le dio tiempo a practicar el béisbol, ese deporte de los niños de las costas americanas. Gabriel no tuvo un juego infantil favorito que repitiera una y otra vez porque, para olvidar los cuentos de muertos que le contaban las tías, en cuanto aprendió a leer no hizo otra cosa que devorar los libros que le prestaba el abuelo.

P: Uno tiene la impresión de que usted fue el niño más solitario del mundo. ¿Eso es verdad o ya es novela? (25:03)

GGM: Yo creo que todos los niños son los niños más solitarios del mundo. Digamos que lo que pasa es que yo, probablemente, he logrado transmitirlo a través de mis libros, pero ahora tengo el nieto que tiene siete años. Yo me quedo viéndolo y sé lo que está pensando porque tengo la impresión de que está padeciendo la misma soledad que padecía yo y está pensando las mismas cosas. Curioso que no me sucedió con los hijos.

P: ¿Usted cuál cree que es la inquisición hoy en día?

GGM: La inquisición sigue exactamente igual en todo momento. Empieza por la casa. La inquisición son los papás. La inquisición son los maestros. La inquisición es el poder político, el poder económico. Todos los refinamientos que tú quieras pero la inquisición continúa, seguimos viviendo en alguna manera en unos medios represivos que corresponden a la inquisición de hoy.

P: A ver, la inquisición son los papás. ¿Usted alguna vez se ha sentido inquisidor de sus propios hijos?

GGM: Siempre tuve la preocupación de no ser inquisidor con mis propios hijos y nunca he podido saber si lo fui o si no lo fui porque desarrollamos una relación tan cordial, de tanta comprensión que yo tengo la impresión de que no lo fui, pero es muy probable que lo haya sido precisamente por la negativa. En el deseo de no interferir probablemente estaba modificándolos, influyéndolos y probablemente afectándolos. Eso nunca se sabrá.

P: ¿Usted padeció en su infancia alguno de esos elementos inquisitoriales? ¿Usted tuvo también su propia inquisición de niño? (27:10)

GGM: Sí, claro, y a eso debo, por fortuna, el haber sido escritor.

P: ¿Por qué? Cuénteme.

GGM: A mí me manejaron a base de miedo. Era una casa grande, en Aracataca, una casa muy grande, muy llena de mujeres. Yo recuerdo en esa casa muchas mujeres y un solo hombre, que era el abuelo. Pero, para que yo me portara bien, sobre todo de noche,  me metían unos miedos terribles: no te muevas porque de ese cuarto sale un muerto , no te muevas porque ahí murió fulano de tal, no te muevas porque ahí sale el diablo. Los santos, que tenían santos de bulto, de tamaño casi natural como el de las iglesias, con las veladoras esas que los hacen fantasmales en las noches. Me amenazaban con los castigos de los santos, (28:04) yo pasaba noches tremendas.

P: ¿Y el abuelo era el que lo salvaba de la hoguera siempre?

GGM: El abuelo, yo tenía la impresión de que me salvaba de la hoguera, pero ahora me doy cuenta que el abuelo era el más inquisitoriado de todos porque él no se daba cuenta hasta qué punto él mismo era un instrumento de todas las mujeres que vivían en esa casa. (28:26)

P: ¿Qué era lo que tenía tan fuerte ese abuelo para usted?

GGM: Que me hacía caso. Yo tenía la impresión de que con las mujeres existía un juego, que a lo mejor ha durado toda la vida, que es el juego de la seducción. Ahora me doy cuenta que probablemente éramos cómplices, y no me había dado cuenta, cómplices contra las mujeres, solo que ahora yo me siento más cómplice de las mujeres que de los hombres. Cambié de bando.

P: Todo lo que sabe de su vocación precoz de escritor, García Márquez lo ha escrito en un libro que aún no conocemos. Un manual para ser niño son sus reflexiones de trabajo con un grupo de expertos sobre la reforma de la educación en Colombia, un folleto que enseña a los niños a defender sus aptitudes frente a los adultos para que les dejen ser lo que siempre quisieron ser.

GGM: Caí en la cuenta de algo que no había caído nunca: que yo, toda mi formación, todo mis estudios, se basó en las triquiñuelas, en las trampas que tuve que hacer yo siempre para ser escritor en una sociedad donde no estaba previsto que una persona no tuviera una de las profesiones liberales conocidas y apareciera de pronto con que quería ser escritor. Los padres cuando ven a los niños dibujando o ven que tocan instrumentos se ponen felices y los ayudan hasta el día en que el niño crece y dice “bueno, yo lo que quiero ser es ser músico o pintor”. Ahí se asustan y tratan de convencerlo a toda costa de que tenga una profesión seria y además (30:20) pues que después con lo que pueda obtener con esa profesión seria, seguir con lo que podía parecer más bien su hobby, su afición secundaria. Es decir, yo pienso que si una persona durante toda la vida hace solamente lo que le gusta hacer y tiene todas las condiciones para hacerlo bien, ese es el secreto de la felicidad y de la longevidad.

Pienso que si una persona durante toda la vida hace solamente lo que le gusta hacer y tiene todas las condiciones para hacerlo bien, ese es el secreto de la felicidad y de la longevidad.

Gabriel García Márquez

P: ¿Qué sintió usted, qué experimentó siendo tan niño, el primer día que vio a su madre?

GGM: Lo que más recuerdo es el perfume.

P: ¿A qué olía? (31:06)

GGM: Es un perfume que probablemente si lo siento ahora lo reconozco. Era un perfume que, a ver, nosotros vivíamos en Aracataca. Mi madre se había ido con su marido, mi padre, a Barranquilla y yo la memoria más antigua que tengo en relación con ella es que me decían que tu mamá vive en Barranquilla y tu papá vive en Barranquilla, no había fotos, no había nada de eso y yo tenía la imagen, una imagen de ella que…

P: ¿Qué le explicaban? ¿Por qué vivían en otra parte?

GGM: No, eso no… A los niños no se les explican esas cosas. Era yo muy niño, de todas maneras, cuando se fueron a Barranquilla y de pronto empecé a oír “que viene tu mamá, que viene tu mamá, que va a venir tu mamá”. Yo no me imaginaba cómo podía ser aquello ni tengo idea qué edad podía tener, pero recuerdo que yo venía de una casa con un gran corredor y un patio bien profundo y yo venía y me dijeron ya llegó tu mamá y entonces mira está ahí. Y yo entré y estaban en la sala sentados alrededor, con las sillas pegadas en la pared, muchas mujeres, y yo la vi y la reconocí enseguida. Estaba vestida como los personajes de las películas de esos años, de los años finales de los veinte, principio de los treinta, con el sombrero de campana. Recuerdo exactamente su traje de seda con bordados, color beige, el sombrero de pajilla del mismo color, (32:55) y entonces ella me dijo “Ay”, me abrazó y yo sentí el olor. Siempre que la evoqué era por el perfume. Inclusive con ella hemos estado escarbando después qué perfume podía ser. Ella habla de algo como Coty, pero para mí lo interesante es eso y sobre todo porque el sentido del olfato para mí es el más evocador y el que más fácilmente lo traslada a uno a episodios remotos y le permite revivirlos completos con una sola ráfaga. (33:42)

P: ¿Y esa ausencia de la madre en todos esos años del comienzo es lo que hace que usted diga que tiene con ella una relación seria y sin sentimentalismos?

GGM: No, lo que pasa es una cosa, que vivimos muy poco tiempo juntos. A ver, en ese momento estaba en Barranquilla, luego, cuando murió el abuelo y murió la abuela, fui a vivir con ellos, pero yo recuerdo, ellos volvieron a vivir en Aracataca y vivían en una casa distinta, pero yo vivía donde los abuelos y no me llevaban a dormir a casa mis padres sino cuando me iban a dar purgante.

P: ¿Por qué?

GGM: Porque uno era niño le daban purgante y donde tenían las técnicas del purgante era en casa, porque ya habían nacido… allá nació un hermano cada año. Nosotros somos 15. Entonces saca la cuenta, cada año nacía uno y en este momento debía haber 4 ó 5,  ya no había mucho tiempo de ocuparse de cada uno y cuando decidían además dar un purgante, daban un purgante colectivo. (35:00)

P: Todos.

GGM: Entonces a mí me toca… a mí que no me iban a buscar para las fiestas… yo añoraba estar con los hermanos de noche, después de que se acostaban tirarse almohadas y todo aquello, yo no… yo vivía en el cuarto de los santos.

P: ¿Y los hermanos en la otra casa?

GGM: Y los hermanos en la otra casa. Entonces cuando a mí me llevaban a dormir allá, yo iba contento porque iba con los hermanos, pero sabía que daban purgante, un aceite de ricino, tenían la costumbre de darlo en leche y uno notaba los grandes posos de aceite. Bueno, como sería que nos daban como premio una moneda de 50 centavos, y yo durante muchos años me acordaba de esas monedas y me daba la náusea, la naúsea del purgante. Entonces, como ves, eran muy pocas las oportunidades que tenía para hablar con mi mamá que siempre estaba criando y estaba en cinta. La relación se volvió no como un extraño pero si era una relación que no tenía recuerdos.

P: Tienes tus sueños de Cartagena, ¿usted ha podido recomponer un poco esa relación?

GGM: No, pero si nunca estuvo descompuesta, es una relación distinta de otra. Es una relación con la madre y con el padre que es así. (36:19)

P: Después de haber repartido la vida entre muchos hogares y muchos paisajes ha vuelto a Colombia. Los dos hijos y los dos nietos se han quedado en otras tierras. Está en Cartagena, la ciudad de los aristócratas del Caribe que siguen rumiando la nostalgia de cuando dejó de mandar el rey de España y se quedaron ellos. En Cartagena, Gabo parece acostumbrado ya a los guardaespaldas y se ha hecho construir una casa insólita en la que seguir inventando cuentos a ritmo de boleros y vallenatos. Para vigilar el Caribe desde el solar donde estuvieron enterrados los obispos y la clarisas de Del amor y otros demonios y al lado del colegio donde estudia la protagonista de El amor en los tiempos del cólera. El escritor ha decidido vivir rodeado de los personajes de sus últimos libros y con ellos pasea por estas calles como si nada. (37:17)

GGM: Aquella iglesia es la iglesia Santo Toribio. Ahí tocaba el violín Florentino Ariza. Fermina vivía ahí. Salía por ahí y se iba hasta el… primero pasaba por el convento de Santa Clara, ¿tú conociste el convento de Santa Clara?

P: Sí, claro.

GGM: El convento de Sierva María

P: De Sierva María de Todos los Santos.

GGM: A la izquierda llegaba al colegio de La Presentación, que era donde estudiaba. Florentino la seguía desde acá y el domingo él tocaba el violín ahí, en el coro.

P: En esa iglesia.

GGM: Y era como esas niñitas que van ahí. Era exacta como esas niñitas, con el mismo uniforme.

P: Eso es ponerle poesía a la realidad.

GGM: Eso es ponerle música a la realidad. En Del amor y otros demonios, por ejemplo, el episodio de la cessatio a divinis, o sea, la guerra larga y dura, entre el obispo y las Clarisas, es histórico, solo que 100 años antes. (38:24)

P: Sin embargo las Clarisas sacaron un boletín de prensa cuando usted publicó su libro desmintiendo que ellas estuvieran peleadas con el obispo y que debajo del convento hubiera túneles.

GGM: En Del amor  otros demonios, el tema principal es ese ocultamiento y esa mistificación de la realidad que todavía subsiste en muchas comunidades religiosas y laicas. Entonces, a mí no se me hace raro que una comunidad que todavía tiene raíces en esa época piense que negando va a negarse la historia y es natural que sea así, pero ese episodio es histórico, perfectamente documentado y alrededor de él hice yo todo lo demás. (39:14)

P: Y por fin en sus memorias, Mercedes, su esposa, ¿tendrá un lugar protagónico que hasta ahora no hemos visto en sus libros?

GGM: Yo no sé si llegaré hasta ahí porque no es un libro cronológico y en ese caso tendría que escribir el capítulo de Mercedes o el capítulo de nuestras relaciones privadas y ella, tanto ella como yo, somos muy púdicos en eso. Eso es una cosa así, que no se debe tocar. Entonces no estoy muy seguro de que ella la aceptaría y además Mercedes ha quedado regada en todos mis libros, pedazos por todos lados, personajes completos que se ven, en Cien años de soledad inclusive con su propio nombre. Esas memorias no es que estén crudas pero las tengo abandonadas porque decidí escribirlas entre dos libros y ahora resulta que no estoy dejando espacio entre dos porque salgo de uno y enseguida para el otro. (40:39)

P: Dígame una cosa de Mercedes, aparte de lo hermosa que era porque era una mujer muy bella…

GGM: Lo es.

P: Evidentemente, sí. ¿Qué fue lo que le fascinó de ella desde el principio? Porque usted, que se sepa…-

GGM: Que no me hacía caso, que me hacía tan poco caso como el que me hace ahora y como el que me ha hecho siempre.

P: Pero muchos años, sin embargo…

GGM: No, no, es que no me hacía caso y todavía no me hace caso. Eso le gusta mucho a los hombres, que no les hagan caso.

P: Desde que él le propuso matrimonio a los 13años, Mercedes está a su lado marcando el norte y apoyando sus proyectos por absurdos que parezcan. Mientras ella brilla con luz propia, él utiliza la forma para mediar en todo tipo de causas, algunas fracasadas, como el intento de parar la guerra entre el cártel de Medellín y el Estado colombiano. García Márquez acaba de terminar un gran reportaje sobre esos años duros de la violencia de la droga en Colombia. (41:36)

¿Usted reconoce signos evidentes de que el narcotráfico ha pasado por aquí, quiero decir, ha dejado huellas ya imborrables en esta sociedad?

GGM: Oh, sí, ha dejado. Hay ya unas desgarraduras, unos desgarramientos culturales muy importantes, entre ellos el del dinero fácil. El dinero fácil, que yo creo es de las cosas más graves, la concepción del dinero fácil, para qué trabajar tanto si haciendo la mulita por una vez ya tienes para el resto de la vida. Eso es gravísimo porque ya eso ha contaminado todo el país. La corrupción es inmensa, es enorme y la tentación de la corrupción está por todas partes. Esas son las consecuencias graves, son culturales, ya están metidas en el espíritu de Colombia. Son muy graves pero es como si estuviéramos viviendo una peste. Yo creo que se va a resolver de la manera más sencilla: un día pasará de moda. Pero mientras tanto los daños que habrá hecho y las muertes que habrá dejado son enormes. Pero un día pasará de moda.

P: ¿Usted cree en la legalización internacional de la droga como solución? (42:47)

GGM: Los periodistas norteamericanos saben todo lo que saben del narcotráfico en Colombia, que es mucho, lo saben porque los periodistas colombianos lo han investigado, lo han destapado y muchos de ellos han sacrificado su vida por esas publicaciones. En cambio nosotros no sabemos nada de cómo es el narcotráfico dentro de los Estados Unidos porque los periodistas norteamericanos hacen como si ese narcotráfico no existiera. Si en los Estados Unidos se abastecen 30 millones de drogadictos diariamente sin ningún incidente, sin ningún problema, como si fuera repartir la leche, el pan, el periódico… si se pueden abastecer sin incidentes, eso quiere decir que hay unas mafias mucho más poderosas que las de Colombia y una corrupción de las autoridades mucho más importante que la de Colombia. El problema es que el narcotráfico, la droga, como problema, se le salió de las manos a la humanidad. No quiere eso decir que nos vamos a descorazonar y no vamos a seguir luchando, pero no vamos a partir de la base de que se puede acabar con el problema de la droga con fumigaciones de glifosato y con certificaciones de congresos cuando es un problema que el mundo entero está sufriendo y no puede resolver. Es como las pestes medievales, que se acabaron cuando se acabaron. De ahí a decir lo que yo vengo pensando desde hace mucho tiempo y he dicho, que lo único que nos salve de esto es la legalización, la despenalización de la droga, pero hay que tener cuidado con la implicaciones eso no quiere decir que lo vamos a hacer en Colombia y no lo van a hacer en el Perú y no lo van a hacer en… no. Eso solo es posible cuando sea un acuerdo global, total del mundo entero y sin excepciones porque cuando queda una excepción, eso fracasa. Y es muy difícil que eso se logre porque los intereses que están comprometidos en el inmenso negocio de la droga son tan grandes y tan altos que muy difícilmente se va a llegar al acuerdo global (45:18)

P: Usted firmó el otro día un documento dando a entender que la guerrilla colombiana ya no tiene sentido, ya no tiene razón de ser. ¿Usted cree que en Chiapas ese movimiento tiene razón de ser? ¿Cómo ve lo que está pasando en México usted que es casi mexicano?

GGM: Precisamente porque soy un extranjero casi mexicano no comento en la política mexicana.

P: Bien. Usted ha estado cerca de mucha gente en el poder, tiene y ha tenido amigos en el poder. Yo pienso que quizá Torrijos fue la persona más cercana a usted, a lo mejor me equivoco. ¿Usted alguna vez vio llorar a Torrijos? ¿Vio la tristeza del poderoso, el dolor?

GGM: No, yo lo vi llorar pero de alegría. Cuando se pusieron de acuerdo para el Tratado del Canal. Estaba con él porque a mi me habían llamado antes, que él se había encerrado en Farallón, que era una base militar panameña. Me llamaron y me dijeron: “el general tiene como una semana de estar encerrado”. Tenía un teléfono directo que bastaba descolgarlo y se comunicaba, estaba en comunicación directa con la embajada de Panamá en Washington. Estaban discutiéndose los últimos minutos, los últimos puntos para el Tratado y él estaba encerrado esperando pero no podía dormir, no podía comer, no podía hacer nada de la tensión en que estaba y tenían el temor los amigos de él y mío que le pudiera dar un infarto. Entonces me llamaron y me fui allá y me encerré con él. Estábamos prácticamente solos y estuvimos solos casi una semana. Nos tomamos todo el whisky del mundo y a veces champaña con hielo, que es una cosa(47:23) que ya sé que se hace en el Caribe, es un poco bárbaro, pero es cultural, es así, y de pronto en el momento en que llegó la noticia que ya, se puso a llorar como un niño. Una maravilla, una maravilla asistir a eso.

P: ¿Y qué decía? ¿Qué frase recuerda?

GGM: No, no, si no podía nada. No había nada que decir. Es que era muy grave porque si ese Tratado no se hubiera acordado, hubieran podido suceder cosas históricamente muy graves. Torrijos estaba dispuesto a destruir el canal.

P: ¿Usted piensa que ese Tratado tiene marcha atrás? Porque hay quién intenta no cumplirlo en el año 2000.

GGM: Todo lo que quieran, pero América Latina no permitirá jamás que ese Tratado no se cumpla. Esa América Latina, que apenas si protestó con la invasión de Panamá, no permitiría que ese Tratado no se cumpla porque ese es un tratado que es en territorio panameño, pero es de toda la América Latina.

P: ¿Usted es capaz de decirle todo lo que piensa a Fidel?

GGM: Se lo digo generalmente, lo que pasa es que a veces no lo cree.

P: ¿Pero es usted de verdad el que le dice las verdades?

GGM: No, yo creo que él tiene muchos amigos. Si alguien le ha dicho verdades delante de mí a Fidel Castro es Felipe y tiene una muy buena relación, pero ellos tienen un trato distinto del que tengo yo con ambos. Ellos se tratan como españoles. Y tienen las mismas…

P: Como gallegos.

GGM: Como gallegos según el lenguaje cubano, como gallegos. Las cosas que le ha dicho Felipe [inaudible] son muy admirables y muy admirable cómo lo oye Fidel.

P: ¿Usted piensa que está cercano el desbloqueo, digamos, de los cubanos?

GGM: Yo no creo que esté cercano y además ahora con el triunfo de los republicanos es bastante difícil que se dé el desbloqueo, pero creo que van a ir llegando acuerdos parciales que al fin y al cabo conviertan el bloqueo en una cosa más o menos formal. Yo creo que eso podría ser. Es que el mundo está cambiando (49:51) y los Estados Unidos no pueden no cambiar también.

P: ¿Y los  ligeros síntomas de apertura que estamos viendo en el cine, en la vida cotidiana?

GGM: En Cuba… Lo que pasa es que en Europa tienen la costumbre de considerar que la apertura es solamente en cuanto a libertad de expresión y libertades democráticas y bla bla bla. Consideran, como los Estados Unidos además, que la democracia se define por una elección. Si hay elección, no importa lo que sean capaces de hacer y las arbitrariedades y las injusticias que se cometan (50:17) porque es un gobierno basado en elecciones. Pero Cuba está muy lejos de ser la que era hace cinco años. Los progresos que se han hecho en Cuba son inmensos, no son pequeñas aperturas, son grandes aperturas. Pero eso no lo cuentan. Lo que están esperando es que Fidel haga elecciones porque lo que quieren es que Fidel se caiga y piensan que si hace elecciones se va a caer y no se va a caer. Quieren hacer con Fidel lo que hicieron con los sandinistas, o no con los sandinistas, con Nicaragua. Dijeron hagan elecciones libres y les vamos a ayudar en esto y en esto y en esto. Las hicieron. Si las hubieran ganado los sandinistas, hubieran dicho con seguridad que habían sido amañadas, que había fraude, y no las hubieran reconocido. Como perdieron los sandinistas, las reconocieron y no le han dado a Nicaragua ni un centavo de lo que habían prometido y mira la situación en la que está Nicaragua. ¿Cómo quieren que con ese precedente, Fidel vaya a creerles lo que le prometen? No cree en nada. Están haciendo los cubanos lo que creen que deben hacer y afortunadamente Europa y prácticamente toda la América Latina lo están reconociendo y están ayudando muchísimo. Y los Estados Unidos lo que están es perdiendo el tren, y ese tren se va y ellos no van a quedar ni en el vagón de cola.

Las cosas que le ha dicho Felipe (González) son muy admirables y muy admirable cómo lo oye Fidel (Castro).

Gabriel García Márquez

P: ¿Y cuál es ese momento histórico de los que ha vivido que más le ha interesado, el que más lo ha marcado?

GGM: Todavía es secreto. No lo será dentro de algún tiempo, pero todavía es secreto.

P: Cuando le acababan de dar el Nobel, usted me dijo que se lo daría a Rulfo o a Greene. ¿Hoy a quién se lo daría?

GGM: Hoy en español se lo daría a Carlos Fuentes. A ver, se lo daría a Milan Kundera. No, pues te voy a hacer una lista de amigos por orden alfabético.

P: ¿Usted alguna vez vio a Hemingway?

GGM: Sí, claro. Lo vi una sola vez paseándose por el barrio Saint Michel. Sí, lo reconocí desde la otra acera. Iba con Mary que era mucho más bajita de lo que yo me imaginaba, muy rubia. Yo había escrito ya La Hojarasca y pensé bueno, yo paso al otro lado, él seguramente habla español porque vivió mucho en España y fue corresponsal de guerra durante la Guerra Civil, yo paso para allá y algún cuento le echo y a lo mejor me invita a tomar un café. Pero si no, por qué hacer el lagarto, el entrometido. Fue una cosa fugaz y dije no, no tengo nada que hacer, y entonces hice lo único que se me ocurrió y grité “¡Adiós, maestro!”. Y él desde el otro, miró así y [inaudible] “¡Adiós, amigo!” y se fue y nunca más en la vida lo vi. (54:00)

P: Hay un encuentro suyo que me llama la atención. Estuvo muchas horas con Kurosawa, el director de cine japonés. ¿Qué quería Kurosawa de usted?

GGM: Yo tuve la enorme suerte de que Kurosawa estaba esperando un ciclón que se estaba demorando. Él estaba filmando una película y tenía todas las posibilidades de hacer el final de esa película con un ciclón ficticio, un ciclón de utilería. Y lo tenía perfecto, pero él insistía en que debería de ser el ciclón número 32 creo que era, porque allá no tienen nombres  sino número. Él sabía que venía el ciclón número 32, calculó que en el ciclón número 32 podía terminar la película y el ciclón número 32 empezó a demorarse. Yo había recibido mensajes de Kurosawa de que él quería hacer El otoño del patriarca. (54:57) Entonces yo le mandé a decir que yo encantado, que nadie podía hacerlo mejor que él. Él tuvo un largo silencio y de pronto recibí un mensaje que decía: “Ya estoy muy viejo y muy enfermizo para meterme en los problemas del Caribe”. Entonces yo me di cuenta que le habían explicado mal las cosas y cuando fui allá le dije que quería hablar con él y él apareció en mi hotel y dijo “podemos conversar hasta que llegue el ciclón”.

P: ¿Cómo fue su primer encuentro con los reyes de España?

GGM: Fui solo, no fue Mercedes, a la Zarzuela. Estaban el rey y la reina. La aproximación a cada uno de ellos es completamente distinta con uno que con otro. La reina evidentemente estaba muy interesada en los temas literarios, quería hablar de ellos, hablé de ellos. Y el rey es bastante más suelto. Inclusive hubo un momento que me dijo. “no, aquí la que lee novelas es la reina, yo ando en otros problemas”. Y me llamó mucho la atención. Tuve la suerte  de que hubo un episodio de la vida familiar en un lugar donde a pesar de que no había protocolo se suponía que no iba a ocurrir. Fue en determinado momento, el príncipe, el hoy príncipe de Asturias, abrió de pronto la puerta sudando, venía de jugar fútbol o algo así, y entonces la reina en inglés le dijo. “te he dicho que no entres sin tocar”. Y el rey, muy de amigote así, dijo: “Oh, no, pero si yo lo he autorizado a que entre así”. “No, no debe entrar sin tocar. Sal, toca.” Tocó, el niño tocó, entonces entró y fue una experiencia que a mí me interesó muchísimo.

P: ¿Eres más amigo de los hombres o de las mujeres?

GGM: De las mujeres.

P: ¿Por qué?

GGM: Porque me entiendo mucho mejor, sobre todo trabajo mucho mejor  con ellas. En los talleres que hago, siempre con las mujeres me entiendo mucho mejor.

P: ¿Y cómo te has divertido más, estando cerca del poder o atacándolo?

GGM: No, estando cerca del poder. Hombre, por supuesto. La fuente de vida, de información, de inspiración del poder, es infinita, es que es una situación totalmente mágica y yo me pregunto si alguna vez ha sido real. El poder yo creo que es lo más irreal que existe.

P: ¿Y usted no tiene miedo de ser malinterpretado por querer estar siempre cerca del poder?

GGM: Yo no es que quiero… [balbucea]

P: Pero le fascina…

GGM: Yo no es que quiero estar siempre cerca del poder. Es el poder el que siempre quiere estar cerca de mí. No es que los presidentes me busquen, no. Lo que quiero decir es que esa materia, esa materia literaria que es el poder, siempre me sale al encuentro, tal vez yo lo identifico mucho mejor que otras personas porque además tú hablas del poder pues estás pensando en presidentes…

P: Sí

GGM: El poder está en todas partes, (54:48) acá, acá… en todos los niveles…

P: Yo pienso en los poderosos a todos los niveles

GGM: En todos los niveles está el poder.

P: El poder era Pablo Escobar, el poder era la guerrilla, el poder…

GGM: El poder era Pablo Neruda también. No, en todos los niveles está el poder, lo que pasa es que tengo un olfato para identificarlo y si tú te pones a pensar, yo no he escrito una línea que no sea sobre el poder y sobre todo sobre el más poderoso, importante, grande y eterno de todos los poderes que es el amor.

No he escrito una línea que no sea sobre el poder y sobre todo sobre el más poderoso, importante, grande y eterno de todos los poderes que es el amor.

Gabriel García Márquez